
El trabajo investiga cómo se construye la realidad en función de la percepción, la escala y la observación. Tanto en la experiencia cotidiana como en la visión clásica de las ciencias naturales, el mundo suele entenderse como un continuo estable: una sucesión ordenada de objetos y acontecimientos que pueden identificarse, medirse y describirse mediante modelos. Esta idea constituye la base de nuestra manera habitual de conocer la realidad, pero en ciertos límites deja de sostenerse y revela su carácter ilusorio.
Toda descripción de la realidad depende de los modelos que utilizamos, de la escala desde la que observamos y de las estructuras formales que aplicamos para interpretarlo.
El vídeo aborda esta relación haciendo visible la transición desde el orden macroscópico, el de los objetos reconocibles, hacia un espacio subatómico dominado por la probabilidad.

El elemento central de la obra es la silueta de un gato, representada inicialmente como una curva continua, regular y suave. Esta forma funciona como un símbolo matemático de un mundo percibido como estable, predecible y calculable, y encarna la suposición de que la realidad puede entenderse como un objeto coherente. A lo largo del vídeo, esta suposición se va poniendo en cuestión de manera sistemática.



Las cerámicas animadas funcionan así como una interfaz visual entre el objeto físico y una realidad gobernada por la probabilidad. Hacen visible que la estabilidad no es una propiedad inherente a las cosas, sino el resultado de la escala, la materialidad y la observación. En este contexto, lo digital no actúa como simulación, sino como una herramienta de conocimiento.